El Vino Dulce Soñado

El Vino Dulce Soñado

A continuación queremos compartir con vosotros una de las primeras reseñas que tuvo nuestro vino en la prensa en el 2017 de la mano de Las Provincias, contando el nacimiento de M de Alejandría, su historia, nuestra pasión por la uva de moscatel.

 

Un artículo que auguraba un gran inicio para M de Alejandría, el inicio de un camino que a día de hoy seguimos recorriendo y haciendo más largo día a día.

Una emprendedora hace realidad su ilusión y elabora un caldo con gran personalidad

 

Todos los años por Navidad, el tío Pepe (José Ivars), visitaba la casa de su amigo Vicent (Vicente Rodríguez Galiana) en la finca de l’Alberca de Teulada, un reducto de vida y paz en el camino a Benimarco. Pepe llegaba sin falta a su cita anual con su botella de vino cosechero bajo el brazo y la descorchaba para probar el caldo con Vicente. Un año el vino salía mejor que otro según los mimos climatológicos que condicionaban las uvas teuladinas. Eso sí, bueno o menos bueno (porque nunca salió malo), el vino de Pepe era siempre la bebida que presidía la mesa de cada Navidad en la casa de los Rodríguez-Vicente. Cristina, la hija de Vicente, presenció desde pequeña este ritual que protagonizaban estos dos amigos y que anunciaba cada año la Nochebuena. En esa liturgia también entraban las conversaciones con su padre para fomentar su ilusión de convertir los bancales en fértiles viñedos para hacer su propio vino: «Papá, ¿algún día nosotros haremos nuestro vino, verdad?», le preguntaba Cristina a su padre sentada en sus rodillas. Así podrían regalar amistad, cariño, felicidad y compañía con cada botella. Igual que hacía el tío Pepe Ivars.Pero los sueños no siempre se cumplen cuando uno desea.

Fue pasando el tiempo y primero Vicente partió hacia otra vida, y hace poco más de un año, también marchó su amigo Pepe. Cristina se convirtió así en la gran heredera de unos sentimientos de agradecimiento profundo hacia la uva moscatel, el vino y la tierra. Emociones que moldearon su infancia, su adolescencia y su vida. Fueron la forja de un sueño compartido, que ahora ha podido hacer realidad con un proyecto de microviña con el que quiere engrandecer la uva moscatel, la memoria de su padre y los buenos ratos pasados junto al tío Pepe en Benimarco.Como en el sueño que compartió con su padre, en 2014, comenzó a plantar vides en espaldera de la variedad moscatel de Alejandría. En estos tres años Cristina ha formado un «superequipo» con los hermanos Cabrera, Chimo y Dani, de Uvas Cabrera, que supervisan el cultivo de las vides en la hectárea y media de bancales, y el bodeguero Daniel Belda. Entre todos, y con la primera cosecha van a parir en 2017 ‘M de Alejandría’, un vino dulce que aspira a ser un caldo de referencia de la Marina Alta.El trabajo es duro, y Cristina Rodríguez Vicente lo sabe. Pero mantiene la inspiración de aquellos dos amigos que disfrutaron del vino sin más pretensiones que vivir la vida y gozar de la amistad. Por eso, compagina su trabajo de consultoría de empresa y turismo con el amor a los viñedos. Los visita cada día, ahora con su hija, para ver crecer los granos que se convertirán en ‘M de Alejandría’. Se prevé una buena vendimia para esas primeras botellas de un vino de calidad, de edición limitada con personalidad e historia.¿Brindaremos con ‘M de Alejandría’ en la próxima Navidad?.

 

 Artículo: «El vino dulce soñado» por José Iglesias. Sábado, 10 junio 2017, en Las Provincias: https://www.lasprovincias.es/marina/vino-dulce-sonado-20170610005654-nt.html

M de Alejandria

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